En la sociedad en la que nos desenvolvemos se han instalado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Tanto adultos como niños, convivimos con ellas, y nos aportan grandes utilidades, ya que han supuesto un gran avance en la educación, comunicación, relaciones interpersonales, trabajo y ocio.
Los padres actuales necesitamos subirnos al carro de las nuevas tecnologías, si aún no lo hemos hecho, para acompañar a nuestros hijos en esta andadura que forma parte de sus vidas. Puede que exista una brecha digital que refleje un nivel de competencias muy distinto entre padres e hijos y, en este caso, por primera vez en nuestra historia, serán los hijos (nativos digitales) los que enseñen a los padres (inmigrantes digitales) el manejo de los dispositivos, ayudando a alfabetizarnos en las nuevas tecnologías.
Tenemos que saber que más información no significa mayor competencia o conocimiento. Nuestros hijos necesitarán que los eduquemos en el uso de las nuevas tecnologías, transmitiéndoles los valores que les enseñamos en todos los aspectos de la vida. La cortesía, el respeto, la amabilidad, el sentido común, la prudencia serán necesarios, y los deben acompañar, tanto en la red como en la vida real. La distancia y el anonimato no pueden justificar un comportamiento maleducado y dañino.
Es cierto que internet es una gran ventana abierta al mundo, por la que accedemos a infinitos contenidos de gran valor para el desarrollo humano y profesional, pero también hay que ser conscientes de que entraña riesgos que debemos conocer y afrontar. Sería inútil negar esta realidad, así como intentar evitar estos peligros mediante el aislamiento o la prohibición. Nuestros hijos tendrán acceso a las nuevas tecnologías en otros ámbitos cercanos a ellos (escuela, casas de los amigos, cualquier centro educativo o de ocio al que acudan). La actitud más sensata, útil e inteligente es enseñarles cómo navegar por la red, conociendo los riesgos y facilitando herramientas que les ayuden a afrontarlos y salir bien parados.

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